Reinventando el #FF

Amigos y amigas con descendencia: vosotros que sabéis lo que es hacer malabares con vuestro tiempo y aventuras de las tareas cotidianas, vosotros que regaláis a vuestros hijos experiencias, ilusiones y diversión, vosotros que arrastráis ojeras y sonrisas a partes iguales, que salís de casa con un bulto que se ríe del bolso de Mary Poppins, que os sabéis de memoria todas las canciones de Frozen y varios episodios de Peppa Pig, vosotros que recordáis que una vez utilizabais las redes sociales para hablar con los amigos: venimos a hablaros del #FF.

No, no es que sea viernes y queramos recomendaros que sigáis a tuiteros interesantes como @madresfera o @ketekelo (bueno, ya que estamos: ¡seguidles! ¡os gustarán!): hoy el #FF tiene un significado mucho más interesante: #FamilyFriendly. En concreto, hoteles #FamilyFriendly.

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Vosotros queréis viajar con los niños porque es una oportunidad para pasar tiempo juntos, para sorprenderos y divertiros, para exponerlos a nuevas situaciones y lugares, pero resulta muy difícil cuando toda vuestra energía tiene que centrarse en lograr que vuestros pequeños no escandalicen o molesten a otros clientes del hotel que miran de reojo y suspiran mientras la pequeña se arranca a bailar el último éxito de Pocoyó o el mayor corre de un lado a otro cual atleta olímpico.

Viajar en familia es más divertido si los niños tienen su espacio, son aceptados y respetados, se les permite ilusionarse y divertirse. Que las instalaciones sean seguras y los niños puedan corretear sin peligro, que haya otras familias con peques, que la piscina sea apta para niños, que tengan servicios que te hacen la vida más fácil (servicio de canguro, miniclub, disponibilidad de sillitas, tronas y cunas, etc.), que el restaurante tenga auténticos menús infantiles, zonas de juego para niños y actividades que les ilusionen.

Lo más importante, sin duda, es la actitud: que los otros huéspedes y el personal del alojamiento os hagan sentir bienvenidos. La diversión puede venir de la mano de una pequeña granja donde los niños pueden ir a ver los animales, de una buena selección de películas infantiles o del parque de bolas de la ludoteca: hay mil formas de hacer que nuestros hijos se ilusionen.

Si tenéis que decirle al niño por centésima vez que se siente bien en la mesa, que sea por su educación y no por la mirada agria del vecino de turno. Hay pequeñas cosas que nos ayudan a convertir un viaje en una experiencia divertida y, menos mal, cada vez más alojamientos lo entienden así.

¿Y vosotros? ¿Sufrís cuando viajáis u os apuntáis al #FamilyFriendly?

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