Siempre tendremos París

La búsqueda de la felicidad es una ocupación profundamente humana y tan poderosa que sirve de guía en la toma de decisiones, ayudándonos a apostar por proyectos, relaciones personales y formas de llenar nuestros días que nos acerquen a nuestro objetivo. Y así, casi sin darnos cuenta, estamos buscando una fórmula, a poder ser matemática y exacta, que nos permita distinguir cuál será el camino que nos hará más felices.

Colors of Happiness

Colors of Happiness

Yendo más allá de lugares comunes como si el dinero da o no la felicidad, existen grupos de investigación dedicados enteramente a dar una solución científica y pragmática estudiando la mecánica de la felicidad. Con la misma objetividad y competencia que evaluamos los productos financieros, ¿por qué no intentar medir cuánta felicidad nos produce cada una de nuestras inversiones? Una vez que hemos cubierto nuestras necesidades básicas: ¿cuál es la mejor forma de distribuir los recursos?

Si pensamos en ese concepto, en maximizar la felicidad que obtenemos, deberíamos orientarnos a aquellos placeres que produzcan una satisfacción que vaya creciendo en el tiempo, como si del valor de las acciones en bolsa se tratara. Podríamos pensar en objetos que tengan una larga duración en nuestras vidas y cuya posesión nos resulte tan ansiada como gratificante. Sin embargo, nos dice Thomas Gilovich, investigador en la Universidad de Cornell, que esa gran cualidad humana que es la adaptación jugaría aquí en nuestra contra. El tiempo nos ayuda a acostumbrarnos a tener esos objetos y comodidades y la percepción de felicidad va disminuyendo con el tiempo y a medida que desaparece la novedad.

Felicidad Nacional Bruta

Felicidad Nacional Bruta

¿Cuál es, entonces, el secreto? ¿Cómo podemos maximizar la inversión? Invertir en experiencias, según los resultados de esta investigación. Lo que hacemos, acciones como ir a un concierto, practicar deporte, aprender un nuevo hobby o viajar, son mucho más fructíferas en cuanto a felicidad se refiere. ¿Por qué? Las experiencias suelen ser mucho más breves en el tiempo pero constituyen “una parte más importante de nuestras vidas que los bienes materiales”, según Gilovich.

Las actividades y aventuras que vivimos acaban estando conectadas a nuestra identidad. Las experiencias compartidas pueden acercarnos a las personas que nos acompañaron en el momento y que forman parte de nuestras historias. Incluso cuando conocemos gente nueva formamos un vínculo especial con más facilidad si podemos tirar de la memoria para hablar de aquellos paisajes en los fiordos noruegos o la vez que aprendimos a hacer pasta fresca al auténtico estilo italiano en una granja florentina.

Albahaca Pesto

Albahaca Pesto

No digo nada nuevo si os recuerdo que una de las frases más sonadas del cine es la que Humphrey Bogart le dedica a su antigua amante Ingrid Bergman declarando: “Siempre tendremos París.” La ciudad de la luz simboliza para ellos el breve pero intenso romance que vivieron y resulta innegable que hay algo en esa experiencia que perdura en el tiempo y forma parte de sus vidas para siempre.

Apostemos, pues, por experiencias: hagámoslas nuestras, permitamos que nos cambien y guardémoslas en el recuerdo. Será la mejor inversión.

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